5 ene. 2012

Testimonios: En la recta final de la residencia

Muchos, compañeros todos, estamos dando por finalizada nuestra residencia. Este lugar tiene sus particularidades, un lugar chico, con una unica facultad, hace que todos en mayor o menor medida nos hayamos cruzado en algun punto, y entre varios hemos entablado amistades de esas que perduraràn más allá del simple hecho de verse, encontrarse, y compartir momentos.

En este caso les traigo una nueva entrada a cargo de un mail enviado por el Dr. Sebastián González, entrañable compañero de guardia, quien se decidiò por ir a curar a los mas chiquitos, por lo que está finalizando su residencia de pediatría.

Se los comparto:

Este es el último tramo de mi Residencia. Van tres años. Los primeros
tres exclusivos para la medicina de niños y los más intensos de mi
vida. Una sensación que muchos compartirán.

En un curso en aquel otoño del 2009, un docente dijo algo que un
docente le había dicho y que hasta hoy recuerdo: "cada día que avanza
la residencia, la mayoría lo piensa como un día más, cuando en
realidad debería ser a la inversa: cada día, es un día MENOS"... en el
sentido que hay que aprovecharla al máximo.

No es fácil, nada fácil. Uno deja de lado muchas cosas y van
entrandole huecos y goteras: la familia, la pareja, dinero, los hijos
(los que están y los que aún no).

Ayer estuve reordenando mi archivo de fotos. Son cientas. Hay de casos
clínicos interesantes, hay radiografías, videos. Ni que hablar de
artículos (miles diría) la mayoría no leídos -como siempre nos pasa- y
que van quedando en el tintero para "más tarde". Llevo pasadas dos
agendas anuales y parece mentira la cantidad de guardias hechas. Hojas
repletas de apuntes en cualquier tipo de papel. Una fórmula, que tal o
cual suero, una dosis, los mg/k/día o cada 8 o cada 4. ¿Cada 4? No
cada seis... Ufa ¿cuándo vendrá el día que todos estos botijas pesen
lo mismo? Recetas enteras todas tachoneadas que si las agarra un
psicólogo se hace un festín...

Hay fotos de guardias, con menos panza y menos puchos al principio.
Compañeras que son ya madres y que como Tere emprendieron este
proyecto nuevo con un niño llenándole las entrañas de cariño,
incertidumbres, temores y amores. Me veo con ojeras, con cara de más y
menos amigos. Recuerdo cada foto y los motivos por la que la saqué. Me
emociona verlas escuchando tararear a Ruben Blades en el disco...

La Residencia de cualquiera de nosotros es una película. De todos los
géneros. Se vive tan intensa que uno no sabe de dónde saca fuerzas
para aguantarse otra vez la misma madre, otra vez la misma enfermera
que no quiere hacer nada, otra vez los pedidos sin llevar a destino,
otra vez al teléfono para reclamar tal exámen e interconsulta, otro
tanto para aguantarse aquel compañero que siempre te clava en la
guardia, que duerme más y hace menos. Hasta que llega un día o dos que
reventás. No querés saber más nada con el mismo docente que ve lo
negativo...ese puntito débil intrascendente y que no repara en lo que
te rompiste el lomo tratando de llevar al paciente hacia un
diagnóstico, hacia una salida. Querés salir volando, meter una bomba
-por julio por lo general cuando más soplan los mocos- e inmolarte ahí
mismo... Faltan los que te motiven, los que te digan que la medicina
es hermosa y que merece la pena el sacrificio...
Quien critica la duda, es un mediocre. Como Residentes debemos
siempre cuestionar. El residente que no cuestiona y acata todo sin
filtro es uno malo y está destinado al aburrimiento y apatía
científica.

Pero claro. No somos tan masoquistas. Hacerla rinde. Y cuestionar al
pasar raya vale. Rinde por los compañeros de la vida que te genera.
Esa mirada, esos códigos de guardias que vas ganando con la
experiencia. Ché Seba mirá que viene fulanito mañana, pasame la
guardia rápido y quedate tranqui que ya van ingresando las dos camas
aquellas y te quedan libres para ir llamando. Ese compa que te dice:
Bo andá a dormirte una siesta y ya te pido la trasnfusión que estás
pálido como un hoja... Adiviná quién vino a consultar hoy? Te acordás
de aquel que nadie sabía lo que tenía y le dimos de alta totalmente
jugados? Bueno está caminando, jugando por ahí mejor que vos y yo
juntos.... Porque el mejor docente, sigue siendo el niño. No en vano
Morquio dijo que el paciente es EL gran libro de patología. Los niños
son los que más lecciones te dan cuando ni siquiera hablan. Son los
que juegan y te traducen con una sonrisa que ya está mejor. O es el
que llora y llora desconsolado hasta que le pegás en la tecla
diagnóstica y empieza a mejorar. También son los que te enseñan tanto
cuando errás el diagnóstico, siempre y cuando lo hayas hecho
convencido de que aplicás la ley de la mejor medicina posible...

Elegí Pediatría porque no hay cosa más linda que ver curar a un niño.
Sana sana colita de rana... Aunque te mate que vuelva al mismo
cantegril, a ser vapuleado por la sociedad que los sigue excluyendo. A
pesar de ello, nada puede llenar el pecho que ver a un niño enfermo, a
un padre desesperado por su hijo y ayudarle. Esa metamorfosis que vive
un niño tan enfermo que mejora, que empieza a preguntar por sus
juguetes y dónde está el hermano que quedó en casa. Aunque no termine
siendo curativa la patrea, pero ser el bastón que lo ayude a
sobrellevar lo incurable... Caramba que hay que tener coraje para
hacer Pedatría...
Leyendo la Wikipedia veo el orígen de esa palabrita: "del griego
paidos (niño) e iatrea (curación), pero su contenido es mucho mayor
que la curación de las enfermedades de los niños, ya que la pediatría
estudia tanto al niño sano como al enfermo."

Ser Residente son esas cosas y muchas más, tres años de vaivén, meses
de idas y venidas. Tres años de conocimiento y experiencia acumulada.
Tiempo de acostumbrarse a vivir cansado, de aprender de tus r3 y de
tratar de trasmitir y proteger muchas veces a tus compañeros nuevos
cuando estás de salida para que no tropiecen en la misma piedra...

Muchos de nosotros seguiremos metidos en el hospital de una u otra
manera; a otros no veré más. A muchos extrañaré, a otros ni un poco.
Al fin de cuentas esto de ser residente no es más que un gran escaño
de la vida que elegimos trepar y superar, y que como todo en la vida
tiene toda la gama de colores...Pero colores intensos para bien o
mal... Diré que la residencia no es apta para indiferentes. El camino
es arduo pero positivo.

Leyendo la misma Wiki, la palabra Residencia aún está por escribirse
en el sentido que nosotros sabemos y sentimos. Pues a escribirla
caminando por el diccionario de la vida, que la historia, las palabras
y los sucesos son la forma que toman las acciones y elecciones de
todos los días de nuestros días...

Para este fin de año les regalo una reseña del dueño de ese escritorio
ajado que vemos en el primer piso del hospital, y que más de uno apoyó
la mochila exausto sin saber siquiera la historia del hombre que
escrituró alguna que otra cosa en él...

Este hombre fue hijo de madre adolescente -si naciera hoy sería
considerado embarazo "de alto riesgo"-, de raíz genovesa. Logró
situarnos a los pediatras uruguayos en el mundo... maracanazo cuarenta
años antes de la gloria del 50...Despido el año recordándolo.

Un año en que he recibido muchos abrazos de muchos lados que me han
emocionado. Gracias por los que contestaron mis correos, gracias por
haberlos leído y abierto el debate. Si logré que muchos de mis
compañeros -como me lo han confesado- se hayan sentido movidos a leer,
eso es mi mejor regalo. La lectura abre la cabeza y achica el mundo.

Les arrimo un apretado abrazo y resta decirles: a las órdenes. Saben
que conmigo, cuando duele, cuentan.

Sebastián.


Se adjunta el siguiente artículo: Quién fue Luis Morquio?

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