7 feb. 2012

Testimonios: Reanimando.

Les dejamos una vez más lo que nos comparte el Dr Sebastián Gonzalez, residente de pediatría, sobre la reanimación.


Reanimar es una actividad inherente a nuestra labor. El gran reto. Con
el enfermo y con nosotros mismos.

¡Un médico por favor! claman quienes nos necesitan girando
desesperados el cuello y dejan en nuestras manos lo más preciado: la
vida misma. Abriendo la cancha, el médico se enfrenta a los más
diversos escenarios. Y no hay marcha atrás. Una camilla, dentro de una
casa, en un estadio, en la calle, en un paritorio. Para los pediatras
la situación cobra doble o triple significado. La responsabilidad se
multiplica. El niño no pide ayuda cuando está mal la más de las veces,
sino que son sus padres, sus tíos, los abuelos. Toda la familia. Y en
nuestras manos quedan las vidas de muchos, ya que perder un hijo, es
perder un pedazo de sí mismo.

Para mí reanimar es una actitud y una práctica que da enteras
satisfacciones. Pero más que nada lo primero: ACTITUD. Entregar
nuestras destrezas al cien por ciento. Reanimar es enfrentarnos con
nosotros mismos: es EL gran desafío.

Las definiciones son variadas para el mataburros: "Restablecer las
fuerzas o el vigor" "Hacer que alguien recupere el conocimiento"
"infundir ánimo al que esté triste o deprimido". De todas ellas se
puede extraer algo, aunque para cada uno de nosotros puede tener las
más distintas connotaciones. Todos somos diferentes -por suerte- y
podemos enfrentar la reanimación con diferentes estilos. Unos más
nerviosos, otros con parsimonia y tranquilidad. Pero lo que sería
inadmisible sería encarar una reanimación sin actitud.

En neonatología tenemos un gran plus que debería traducirse en mejores
resultados: nos podemos ANTICIPAR. Tenemos una ventanita de tiempo que
nos permite ver y conocer al niño antes de siquiera tocarlo. Allí
metido en el útero, lo vemos mover, podemos investigar como está su
salud y la de la madre que lo aloja...

"Hay un 28 semanas, pero está requieto, todo bien" dice el obstetra.
CHAN. Esa frase nos da una chance. Mejor dicho: le da una gran chance
al niño. ¿Qué hago? ¿Cuál es la conducta? ¿Y cuáles son los
resultados? ¿Hacemos siempre lo que debiéramos? ¿O mejor que lleguen
las ocho y que quede para la próxima guardia? y miramos el reloj. O
quizás intentamos algo diferente...

Avisamos al CTI que preparen la unidad, chequeo el material de la mesa
de reanimación, discuto el paciente con el colega que me avisó,
releemos la historia clínica y llenamos juntos los huecos que faltan.
Hablamos en conjunto con los padres: le explicamos cuáles son los
escenarios posibles, las conductas, dónde va a ir su hijo, cómo lo voy
a tratar. También me voy a la computadora y releo la patología de la
paciente y preparo la mente y a mi equipo para cuando nazca ese niño.
Jorge me dicen los padres que se llama. Llega el fin de guardia. Jorge
tuvo suerte y no nació. Ganó un día en maduración, se sigue alimentado
en el mejor medio protegido. Me toman la guardia y al compañero que la
asume le paso todo lo vivido: lo que se resolvió, cómo es la situación
clínica, están todos avisados. Alertas y preparados. Si a Jorge le
tocó nacer, estoy más tranquilo y a Jorge ya lo conozco bastante.
Estaban esperándolo en el CTI, la incubadora caliente y vuelvo a
charlar con los padres, que aunque asustados ya tienen una cara
conocida y referente que los contiene en tan trágica situación. Salió
todo dentro de lo esperado, le digo, ahora hay que ir pasito a paso,
tranquilos. La tragedia de la prematurez un poco se atenúa y damos a
esos padres -que ya no tendrán a ese gordito rubio, rechoncho, de
ojos alegres y abiertos de los comerciales de la Johnson- cierta
tranquilidad y continencia...

En aquella otra guardia ante el aviso del obstetra del que estaba
quieto a las 28 semanas yo me quedo mateando estirando las piernas
porque ya vengo de otra guardia, y cansado miro la tele, respondo cual
zoombie mensajitos preparando la comilona del fin de semana. Pasan las
horas. Me olvido. Me acuesto. Y a las dos horas en pleno sueño me
avisan: cesárea de urgencia por favor a bloc quirúrgico. Llego
rascándome las legañas y con mal aliento a la sala. Las luces me
enceguecen. Me pongo mal los guantes y toco la pared sin darme cuenta.
La instrumentista me reta. La quiero matar y al obstetra porque me
había dicho que estaba quieto. Mentiroso. Siempre lo mismo con estos
tipos. El que sí está quieto sin respirar es un prematuro bastante
inmaduro que tengo entre manos. Debo intubarlo y la que me ayuda es la
primera vez que vive una reanimación neonatal. Entre manotazos la
corro y consigo el material que necesito. Lo intubo sin problemas. Un
lujo. Pero el neopuff anda mal y marca cualquier presión. ¡Pasame el
ambú! grito y ya estoy bien despierto. Andá coordinando una cama en el
CTI le aviso a la nurse encargada quien a los cinco minutos me
contesta: Doctor no hay camas disponibles en la unidad, el niño tiene
que ir a un CTI externo. Me quiero matar. Paso dos horas ventilando,
se me cansa la mano. Cuando salgo de la sala hablo con el padre. Todo
bien, pero es prematuro vió, está grave, se puede morir sí claro; los
del CTI luego le darán el informe. Le palmeo el hombro, lo saludo y me
vuelvo al cuarto. A las ocho mi compañero me pregunta qué tal la
guardia. No sabés le cuento: no pude ni dormir, este malhecho del
ginecólogo me dijo que había un 28 semanas quieto. ¡Y terminó siendo
terrible choclo! Con ese tipo no se puede hacer guardias.. pobre
chiquilín. Tomo el bolso y vuelvo a casa, exhausto. Y de Jorge ni su
nombre sé...

Como decía al principio: El médico es el mismo, tiene las mismas
armas, pero lo que cambia es la actitud. Yo mismo he protagonizado
ambos escenarios. Sé bien claro cuál nunca repetir. Si estamos de
guardia, la displicencia genera aburrimiento y tedio, genera estrés y
malas caras. Y lo más importante: no genera nunca buenos resultados
para el depositario de nuestros actos; el niño... Intentemos
apuntarnos a nosotros mismos, analizar nuestros actos siempre sin
miedos y con confianza que reanimar es difícil pero precioso...

Paso de manos las recomendaciones actuales en reanimación de recién
nacidos que son por demás de ágil lectura y prácticas. Me las pasó un
amigo y las comparto con ustedes. Como también reanimarse es disfrutar
una buena licencia les mando un abrazo a quienes estén con sus
merecidas vacaciones. Con la mayor envidia los saludo....

Abrazo, Sebastián


Reanimacion neonatal SAP 2012 I.pdf
reanimacion neonatal SAP 2012 II.pdf
reanimacion neonatal SAP III.pdf

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