
"Una vez en el intestino, la bacteria inyecta una primera oleada de toxinas en las células de las paredes intestinales mediante una especie de jeringuilla. Las células del epitelio empiezan a comportarse de forma extraña, cambian de forma y proporcionan un sitio para que la bacteria se ancle y se alimente. A estas alturas el infectado comienza a tener fuertes diarreas (...) El problema surge cuando la bacteria empieza a producir un segundo tipo de toxinas, conocida como "verotoxina" o "shiga". Estas toxinas dañan el epitelio del intestino y pasan al flujo sanguíneo".
Fuente: Fogonazos
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