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21 nov 2012

Acciones intersectoriales y acciones de salud pública



Cortito y al pie. La idea es darle un par de definiciones a aquellos que deben andar buscándolas por ahí. (Sino difíl que hayan llegado hasta acá).

Partimos de la base que saben lo que es una prestación. En caso que no, les decimos que las prestaciones (en salud) o servicio de salud a aquellas acciones o conjunto de acciones que tiene como fin mejorar el estado de salud ya sea de un individuo o de la comunidad. El tèrmino puede ser equiparable al de tecnología sanitaria. Y para no complicarlos mucho, la tecnología sanitaria puede ser todo aquel dispositivo, droga, procedimiento o modo de intervención utilizado en prevención, diagnóstico, tratamiento o rehabilitación en salud.

Pro su parte las acciones en salud pùblica, son aquellas acciones que tienen forma colectiva, persiguen el objetivo de modificar estados de salud dados por condiciones colectivos. Como pueden ser las inmunizaciones, el saneamiento, etc.

Las acciones interesectoriales son las que se requiere sectores distintos al exclusivo de la salud. Por ejemplo la educación básica para la salud sexual y reproductiva que requiere de educaciòn para la salud.

Una acción de salud pública puede ser una acción intersectorial.

Basado en:
"Guia Práctica para el diseño y elaboración de un conjunto de prestaciones"
OPS Marzo 2008.
Imagen: Estrategia de Salud publica

30 ene 2012

En defensa de la vacunaciòn


Desde hace unos años, cada vez me encuentro con más padres que no vacunan a sus hijos porque creen que las vacunas son inútiles o innecesarias o peligrosas o las tres cosas a la vez. Algunos incluso se sorprenden de que yo esté a favor de las vacunas. Como si hubiera una especie de paquete ideológico raro-progre-natural, y si defiendes la lactancia materna o coger en brazos a los niños, también debes estar, «lógicamente», en contra de las vacunas y creer en la medicina «alternativa» y en la era de Acuario…

¿Quién está a favor de las vacunas y quién está en contra? Abra los ojos.

A mí me los abrió una buena amiga, la doctora Sofía Quintero, colombiana afincada en Italia que durante años trabajó en Mozambique. La conocí hace muchos años, en una reunión europea sobre lactancia materna. En un grupillo, uno de los participantes hizo algún comentario contra las vacunas. Yo no le di importancia, había escuchado y leído otros comentarios similares y había aprendido a sufrirlos en silencio, como una de esas creencias que no vale la pena discutir, como el horóscopo o los ovnis. Pero Sofía se indignó y me dijo al oído: «¡Cómo puede ser tan irresponsable! ¡Qué rabia me dan estos europeos, que no han visto nunca morir a un niño de sarampión, de difteria o de tétanos, y se atreven a criticar las vacunas!». Desde entonces, ya no escucho estos comentarios con la misma calma.

Los padres que no vacunan a sus hijos suelen estar muy informados. Han leído libros, han visitado páginas y páginas de internet. Están muy informados, pero muy mal informados. Porque esas páginas y esos libros que atacan a las vacunas están llenos de errores, falacias, medias verdades y mentiras completas. Mentiras a veces tan absurdas, tan contrarias a los hechos y tan insultantes para la razón, que los científicos no siempre se toman la molestia de desmentirlas. Los padres encuentran, por un lado, información oficial dirigida al público general, escueta, a veces algo paternalista, que frecuentemente se limita a decir «vacuna a tu hijo para protegerlo contra las enfermedades» o información científica muy muy larga, muy muy aburrida, a veces difícil de entender; y por otro, argumentaciones vehementes y coloristas, datos y más datos (mal interpretados o falseados) y paranoicas denuncias sobre supuestas conjuras de la industria farmacéutica.

Muchos de esos que reniegan de las vacunas son médicos, y eso les da mayor credibilidad para algunas familias. ¿De qué se sorprende? Si hay médicos capaces de negar todas las enseñanzas de la ciencia y de recomendar la lactancia cada tres horas o dejar llorar a los bebés, ¿por qué no habría de haber también médicos que no tengan ni idea sobre las vacunas?

En este libro intentaré ofrecer a las familias la información que los antivacunas les niegan, y desmontar uno por uno sus engaños. No todos, porque se puede decir una mentira en apenas unas líneas, y hacen falta a veces varias páginas para desmentirla. En varios casos describiré paso a paso el proceso seguido para buscar la información correcta, para que el lector pueda hacer lo mismo.

Tal vez pueda servir también de ayuda para algunos compañeros, médicos y enfermeras, que se ven sorprendidos por las preguntas y dudas de los padres y que no saben bien qué contestar. Una vez me comentó una madre, a la que al parecer conseguí convencer para que vacunase a su hija: «Es que mi pediatra no me dio ninguno de esos datos que tú me has dado, se limitó a decir “hay que vacunar, porque es lo que hace todo el mundo”». Pues claro, lo comprendo perfectamente. De entrada, hablar sobre las vacunas con unos padres reticentes me suele llevar más de media hora; la mayoría de los pediatras no tienen más de cinco minutos por niño. Y además, los médicos sabemos muchas cosas que no podríamos argumentar de memoria, sin pasar primero unas horas consultando libros. Por ejemplo, yo sé que la meningitis produce fiebre, vómitos y rigidez de nuca. Pero no sé por qué, quién lo descubrió, cómo lo demostró… Si un paciente entrase en mi consulta diciéndome «pues he leído en un libro que la meningitis no da fiebre, vómitos y rigidez de nuca, sino tos, estornudos y dolor en el pie izquierdo», yo no tendría argumentos para intentar convencerle; me tendría que limitar a decir: «Eso son tonterías, le aseguro que los síntomas de la meningitis no son esos».

Este libro no intenta ofrecer información general sobre los efectos, indicaciones y contraindicaciones de las distintas vacunas (algo que ya se puede encontrar en muchos libros y muchas páginas de internet). No he escrito este libro con la intención de vender muchos ejemplares (¡mi editora me va a matar!), sino con la de llegar precisamente a quienes lo necesitan, a esos pocos padres que, con la mejor intención del mundo y engañados por las mentiras de los antivacunas, están dejando de vacunar a sus hijos.

Me he centrado en analizar y refutar dos libros que parecen ser los más difundidos en España sobre este tema:

— URIARTE, Xavier. Los peligros de las vacunas, Ática, Barcelona, 2002.

— MARÍN OLMOS, Juan Manuel. Vacunaciones sistemáticas en cuestión, Icaria, Barcelona, 2005.


Vía: Pediatra de Cabecera

10 ene 2012

Igualdad relegada en los objetivos del milenio

les dejo esta joyita que si bien està escrita por alguien del primer mundo (Bruno Abarca), los que estamos del otro lado del ecuador conocemos bien.


La semana pasada Richard Jolly, del Institute of Development Studies de Londres, dejaba caer en un artículo del The Guardian que “Las metas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio están pasando por alto las desigualdades“. Y, probablemente, tiene toda la razón del mundo.

Uno de los problemas de los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) reside en la forma de medirlos: a través de indicadores agregados por países. Desgraciadamente, ni la situación social, ni la económica o sanitaria es igual entre los estratos más ricos o más pobres de un país en desarrollo, con lo que el problema es doble. Por un lado, se puede mejorar el indicador sin priorizar realmente a los que más necesitan las mejoras. Por otro lado, al evaluar los datos, podemos tener la falsa impresión de que todos están mejorando por igual, cuando no es así.

Evidentemente, es necesario mejorar la situación de los más pobres y reducir las desigualdades. La cuestión es que va a ser difícil lograrlo si ese enfoque de reducción de desigualdades no se incluye en los programas desde las fases de diagnóstico, recogida de datos y elaboración de programas. Y esto no siempre constituye una prioridad. Los equipos de las grandes ONGs y Agencias de Naciones Unidas suelen estar en las grandes ciudades, mientras que en las regiones más aisladas y pobres rara vez hay destinada más de una persona, y eso con suerte. Lo más habitual sigue siendo las visitas breves, de unos pocos días, de un pequeño equipo técnico, sin tiempo ni medios para visitar las zonas más alejadas o las comunidades rurales con menos recursos, donde el visitante probablemente no tendrá ni agua, ni electricidad, ni teléfono. Una visita de tres o cuatro días apenas da para algunas reuniones con las autoridades locales y para solicitar las estadísticas y cifras de que dispongan, sin poder observar las cosas con nuestros propios ojos.

Algo falla. No se pueden determinar prioridades ni planificar programas desde una oficina con aire acondicionado en el centro de una gran ciudad, por muy buen acceso a internet que tenga. Hay que embarrarse los pies, y hablar de las desigualdades de salud desde dentro, o seguirán quedando como frases preciosas en medio de larguísimos informes, de esas que lo significan todo y al mismo tiempo no significan nada.

13 may 2011

Trabajo Infantil



Les dejamos un post que vimos en Pediatría social, que habla de uno de los grandes problemas que atañe a la Salud Pública, como lo es el trabajo infantil.

El trabajo infantil es una plaga de extensión mundial, una lacra social y la antesala de numerosos desastres psicosociales, enfermedades profesionales, accidentes laborales y abusos cuando no se trata de simple esclavitud.

La dedicación de los niños al trabajo, habitualmente como forma de explotación por parte de un adulto, es rechazable en todos sus extremos.

Sin embargo todo estos mucho más fácil escribirlo, decirlo, que darle la consideración necesaria para que pueda llegar a erradicarse. El trabajo es un bien preciado, deseado y objetivo secular de sindicalistas y trabajadores. La posibilidad de cambiar el esfuerzo personal por compensaciones en dinero o en especie, el trabajo asalariado, ha sido un logro de la sociedad industrial nacida de las revoluciones de finales del siglo XVIII. Pero el tránsito de la esclavitud o el servilismo al trabajo asalariado ha pasado por largos períodos de diferentes formas de explotación que, habitualmente, se han cebado en los más débiles: los pobres, los desvalidos, los ignorantes, los inmigrantes, las mujeres y, también, los niños.

Un video editado por el obispo de Santander aporta la visión de laIglesia Católica sobre el tema con cifras considerables, con motivo del dia Internacional contra la esclavitud y el trabajo Infantil, el 16 de abril. Éste dia conmemora la vida y muerte de Iqbal Masih pequeño héroe que lucho contra la esclavitud infantil hasta su asesinato en Pakistan, un país que destaca por su compleja situación sociopolítica que incluía, hasta esta semana, que diera acogida a Osama BinLaden. En Pakistan los niños son explotados, como en otros paises del Oriente Medio, especialmente para la manufactura de alfombras porque el tamaño de sus dedos les permite tejer manulamente con calidades de otro modo imposibles de obtener.

Por otro lado, el trabajo es también la única forma de obtener recursos elementales para la supervivencia como alimento, vivienda o abrigo. Así resulta natural que en las sociedades más pobres se busque el esfuerzo incluso de los menores para obtener sustento. Han hecho falta ciento cincuenta años para que en el primer mundo, el mundo industrializado, se haya pasado de la explotación infantil retratada por Dickens, a la escolarización obligatoria hasta los 16 años y la protección a la infancia con la condena del trabajo asalariado de los niños.

La ocupación laboral infantil va a impedir a menudo el desarrollo educativo normal de los niños y jóvenes, ocupar su tiempo de ocio y puede afectar su desarrollo psicofísico. Por razones que tienen que ver con su ilegalidad, difícilmente el trabajo infantil será motivo de consulta médica. El médico debe indagar en las visitas rutinarias sobre la dedicación de los niños y la ocupación de su tiempo. Como quiera que la información no se va a ofrecer voluntariamente, las sospechas deben llevar a intentar obtener la información en ausencia de los padres y, en cualquier caso, a través de los servicios sociales. El absentismo escolar puede poner en evidencia la dedicación laboral de los niños.

Las situaciones de explotación laboral deben considerarse como malos tratos y abusos y así denunciarse ante las autoridades.

17 ene 2011

Sedentarismo . Cuarto factor de riesgo de mortalidad

Me tope con este post en Consejos Medicos Online, y me pareció por demás interesante compartirlo con ustedes.


Que el deporte es bueno para la salud, me parece que lo sabe casi cualquier persona. A pesar de que nos esforcemos en explicar a nuestros pacientes lo importante que es hacer ejercicio diario, parece que no es suficiente.

El sedentarismo está en aumento y ya se considera que es el cuarto factor de riesgo de mortalidad en el mundo. Éste provoca que muchas personas se encuentren en sobrepeso o sean obesas. Nuestra sociedad actual nos hace la vida más fácil, pero también hace que necesitemos realizar menos esfuerzos para realizar una tarea. Antes no existían ascensores y se subía caminando, los trayectos cortos se realizaban a pie, mientras que ahora utilizamos el coche para desplazarnos, aunque sea pocos kilómetros. Nos pasamos muchas horas sentados delante de un televisor u ordenador.


Dentro de los diferentes grupos de edad, lo más preocupante es el aumento de casos de sobrepeso y obesidad en niños. Se calcula que en 2010 hubo 42 millones de niños con sobrepeso en todo el mundo, de ellos 35 millones en países en desarrollo.

Los niños que son obesos, tienden a serlo también en la edad adulta y esto es un problema. Existen enfermedades graves asociadas al sobrepeso que aparecen cada vez a edades más tempranas como la diabetes o determinadas enfermedades cardiovasculares.

También otras invalidantes como la artrosis. Incluso algunos tipos de cáncer tienen mayor riesgo de aparición en obesos, como el cáncer de endometrio o el de mama y colon.

Es importante decir que estas enfermedades se pueden prevenir: realizando ejercicio diario conseguiremos vivir con más salud y en muchas ocasiones la salud es sinónimo de felicidad.